La utopía que nos impulsa está llena de biodiversidad

Por Sergio González, Comunatoura

Guatemala es uno de los 19 países del mundo que cuenta con suficiente biodiversidad como para considerarse mega-diverso, según las partes del Convenio de Diversidad Biológica.

Esto quiere decir que nuestra riqueza en ecosistemas, especies y los servicios que éstos proveen es enorme. Tenemos muchas más especies por unidad de área que la gran mayoría de países del planeta, pero en lugar de aprovechar esa biodiversidad y su valor intrínseco y conferido, nos hemos dedicado a destruirlo. ¿Qué pasó?

El Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente de la Universidad Rafael Landívar (IARNA), ha liderado uno de los esfuerzos más valiosos para entender la degradación del capital natural de nuestro país: las Cuentas Ambientales.

Este ejercicio académico, en conjunto con el Banco de Guatemala, ha consistido en llevar la cuenta de cómo han variado los distintos tipos de capital del país. La principal conclusión es la siguiente: el capital natural de Guatemala se ha degradado por las actividades humanas insostenibles que solo buscan generar capital financiero.

Vemos esto como el problema ambiental de raíz, en todo el mundo. El sistema actual se ha centrado principalmente en crecimiento económico y ha perdido de vista la importancia de la matriz ecológica sobre la cual se desarrolla toda actividad económica y que, en general, sostiene a toda la vida en el planeta.

Sin embargo, parece haber una profunda ignorancia, auténtica o aparentada, acerca de los servicios que nos proveen los ecosistemas y que permiten nuestra misma existencia.

Este uso insostenible y voraz de los ecosistemas ha causado que el planeta esté al borde del colapso. Actualmente, por los recursos que utilizamos para mantener nuestro estilo de vida, requerimos de 1.6 Tierras. Sí, 1.6 planetas, aunque esta cifra no está distribuida equitativamente. Por ejemplo, los países ricos tienen una mayor demanda de recursos. Por eso, si todos viviéramos con el estilo de vida de un habitante promedio de Estados Unidos, necesitaríamos de 4 Tierras completas.

Necesitar 1.6 planetas quiere decir que usamos 160% de la capacidad de la Tierra para regenerarse en un año.

Esto es un reflejo de una mentalidad económica que, erróneamente, concibe las materias primas que nos brindan los ecosistemas como recursos infinitos y que están allí para servirnos, para enriquecernos. Pero la realidad es que son limitados y forman parte de un proceso evolutivo de 3,800 millones de años que integra a todas las especies del planeta, no sólo a la nuestra.

Por lo tanto, es imperativo para nuestra supervivencia y la de todas las especies entender que los ecosistemas se degradan, se agotan y colapsan con el uso actual que les damos y esto se traducirá, cada vez más, en menos agua, menos comida, menos medicinas, menos regulación climática, menos suelos fértiles, menos polinización, menos control de enfermedades, menos dinero y menos vida.

¿Qué podemos hacer?

Es un hecho que los ecosistemas del mundo están colapsando. La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), presentó en su último informe la mayor evaluación de biodiversidad de la historia y dejó ver que alrededor de 1 millón de especies se encuentran en peligro de extinción a causa de las actividades humanas.

Es demasiado alarmante, es una cifra inimaginable. Uno se rasca la cabeza pensando qué hacer. Está bien dejar de usar pajillas y bolsas plásticas de un solo uso, aun cuando es absurdo que estas cosas siquiera existan. Pero no es suficiente.

Ya problematizamos el sistema económico y ese es acaso el problema de fondo, pero parece ser una batalla que no podemos ganar. ¿Qué hacemos?

Es importante cuestionar y sustituir tanto los modelos de producción como nuestro propio consumo. En lo individual, un cambio importante puede ser el disminuir el consumo de carne vacuna, comprar productos locales, usar bicicleta o transporte público que mitigue las emisiones de carbono, apagar las luces y aparatos que se estén usando, cuidar el agua…

Sin embargo, esas sugerencias ya parecen clichés. Hemos repetido la necesidad de generar una consciencia ambiental colectiva, pero además de eso debemos buscar cambios estructurales.

Debemos exigir a gobiernos y sociedad tener una mayor rigurosidad para el ambiente, promoviendo la conservación y restauración de ecosistemas, y buscando alternativas económicas que generen empleos y vidas dignas, pero no a costa de la degradación biológica.

Exijamos soluciones de desarrollo que vayan de la mano con recuperar la naturaleza que hemos degradado.

Nuestro gobierno ha demostrado una y otra vez que el medio ambiente no es su prioridad. La asignación presupuestaria de las instituciones dedicadas a velar por la biodiversidad y la salud de los ecosistemas es apenas el 1.17% del presupuesto nacional, incluyendo al Consejo de Áreas Protegidas que tiene bajo su jurisdicción al 31% del territorio nacional.

También debemos exigir inversión en investigación y políticas públicas en ciencia. Somos el país que menos invierte en ciencia en la región, con un 0.029% del PIB. Eso es 14 veces menos de lo que se invierten países de África Subsahariana.

La lucha por un desarrollo congruente con la conservación del medio ambiente necesita de datos, de decisiones informadas y de capacidades técnicas que actualmente no tenemos institucionalizadas.

#CienciaParticipativa

Comunatoura surgió como la idea de impulsar un escenario ideal antes que como una empresa de turismo. A falta de una capacidad institucional fuerte para implementar un modelo económico basado en el capital natural de nuestro país, pensamos en la mejor manera de generar alternativas económicas para comunidades locales, mientras incentivamos la conservación y restauración de los ecosistemas del país.

Partimos del hecho de que las comunidades alrededor de áreas protegidas, o que poseen tierras comunales en conservación, son quienes resguardan los ecosistemas y tienen un estilo de vida profundamente ligado al entorno natural.

Si existe alguien que puede hablar de su conexión con la naturaleza y la importancia de los ecosistemas para la supervivencia humana, son las personas más cercanas a ella.

Sin embargo, su manejo ejemplar de los ecosistemas es rara vez reconocido por todas las personas que a largo plazo nos beneficiamos de ello.

Estas comunidades suelen estar aisladas, viviendo en condiciones de pobreza, factores que a veces obligan a recurrir a un uso indebido de los ecosistemas para sobrevivir o generar ingresos dignos.

En otros casos, existen pugnas por el uso tradicional de ciertos componentes de la biodiversidad, hay reclamos territoriales o se ejerce distintos tipos de violencia desde las instituciones rectoras que no toman en cuenta la pertinencia cultural en su gestión.

Entonces, ¿cómo incentivar la conservación de los ecosistemas mientras se generan ingresos dignos y calidad de vida?

La respuesta que ofrecemos en Comunatoura es el turismo científico en áreas protegidas, operado por guías comunitarios especializados en biodiversidad y con capacidad de monitoreos biológicos participativos.

En este momento buscamos incorporar el componente de #CienciaParticipativa. Sabemos que las comunidades son soberanas y sus territorios deben respetarse, por lo que la intención de participar en nuestra iniciativa depende totalmente de ellas.

Pero si se incorporan, estarían trabajando por sus propios objetivos y sus visiones compartidas. La #CienciaParticipativa busca precisamente ese diálogo entre las comunidades locales, instituciones y academia para construir propuestas que nacen desde las comunidades para sus territorios.

Nosotros en Comunatoura buscamos formar nuevas capacidades de levantado de datos de biodiversidad y orientar a las comunidades en caso de que quieran formular estrategias de conservación, restauración y acceso a incentivos forestales o de otro tipo.

Por lo tanto, buscamos acompañar a las comunidades en un proceso de generación de capacidades científicas y turísticas, fortalecer la organización local y maximizar los beneficios que puedan tener las actividades turísticas en áreas protegidas.

Buscamos que el incentivo para proteger los bosques sean ingresos dignos que garanticen a todas las personas mayor calidad de vida en armonía con la naturaleza, conectándolo a respaldo institucional.

Por otro lado, también queremos generar esas mismas capacidades científicas y esa posibilidad de impacto positivo en nuestros usuarios. Por tal razón, estaremos lanzando un programa de capacitación en monitoreo biológico participativo para quienes quieran formar parte de nuestros procesos de #CienciaParticipativa.

Queremos sumar manos a la construcción de una utopía donde predomina un sistema económico verde.

Con Comunatoura ofrecemos la experiencia de un acercamiento profundo a la biodiversidad y participar directamente en proyectos de conservación liderados por comunidades locales.

En conclusión, queremos capacitar guías comunitarios que ofrezcan un servicio de turismo enfocado en biodiversidad en las áreas protegidas del país y en tierras comunales destinadas a conservación. El fin es fortalecer los ingresos de las comunidades para mejorar su calidad de vida a través de incentivos que fomenten la restauración de ecosistemas. Y queremos conectar a estos guías con jóvenes curiosos que busquen aportar a la conservación, dándoles una experiencia cercana a la biodiversidad que cambie su forma de pensar y vivir.

¿Qué sucederá cuando todas las personas pensemos dos veces antes degradar un ecosistema o cuando dejemos de valorar más un estado de cuenta que la existencia de la vida?
La utopía que nos impulsan está cubierta de bosques.

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